Obama, Trump y los “emprendedores”.


Carlos M. García Valdés.

Las etiquetas de moda.

El término "etiqueta" tiene muchas acepciones, desde la más conocida  porque la vemos en todos las mercancías  de importación  que compramos o que no podemos comprar y afortunadamente ahora  en la mayoría de los productos cubanos incluyendo los de las mini industrias, hasta otras más complejas que se utilizan en la esfera informática incluyendo los blogs para identificar o clasificar determinado tipo de información. Pero de las 5 que encontré en el Larousse la que más se acerca al tema que pretendo abordar reza así; “calificación que se le da a una persona y que la identifica con una profesión, ideología, actitud, u otra cosa”.


En un enjundioso artículo, un economista  analizaba  el concepto de etiqueta desde las ciencias sociales  y llamaba la atención sobre los riesgos de etiquetar  procesos socioeconómicos aunque también ponderaba  su utilidad. Pero sobresalía en su análisis la crítica al  abuso o manipulación   del concepto. En eso estoy de acuerdo  con ese pródigo autor, abstrayéndome, por supuesto,  de sus veleidades  al abordar algunas de esas etiquetas en otros artículos.

Sucede que desde hace unos años algunos términos han alcanzado el rango de “etiquetas” viéndolos desde una óptica crítica. Entre ellos empresarios (asumiendo solo a los privados), empoderamiento(pero de una minoría del pueblo) y emprendedores (también con un sesgo eminentemente reduccionista), que es el  que motiva estas consideraciones.

Del diccionario a la política.

El término “emprendedor” no es nuevo pero lo que resulta novedoso, lo que lo ha convertido en una etiqueta engañosa  es la intención que se le da al mismo. No se trata de cualquier persona o entidad que emprenda un negocio o una empresa dada, en el sentido más amplio de este término, sino de aquel propietario privado sin distinguir si se trata de un vendedor de maní  o del dueño de un restaurant con 40, 50 o más trabajadores con ingresos diarios de cifras de 4 o más dígitos en CUC. Lo que, según cierta corriente de pensamiento,  convierte en “emprendedor”  a una persona o entidad  no es el oficio, el capital, el número de trabajadores,  los ingresos y lo que se propone, sino  solo un requisito: que no sea un trabajador o un colectivo de trabajadores estatales. Tiene que ser, por fuerza,  una persona natural o jurídica  privada. Es aquí donde la etimología se convierte en  intencionalidad política. Así que, parafraseando el viejo refrán de   que  “no hay palabra mal dicha sino mal entendida” podemos decir que no hay palabra en general sino palabra con una intención determinada.
Obama, el maestro, Trump el repasador incapaz y otros.

Quien, con gran originalidad,  ha  fundido en una sola intención, política e ideológica,  conceptos como propiedad privada, empoderamiento de una minoría y emprendedores o inventores, democracia(sin precisar que es), libertad(lo mismo) y capitalismo como resumen, ha sido el ex presidente de los Estados Unidos. B. Obama.  Es un maestro de la retórica pero ello no es noticia, aunque por lo menos eso sabe y puede porque el actual presidente apenas supera en mente y discurso al señor de la estulticia o de la guerra(o ambas) que hablaba con Dios sin necesidad de solicitar la entrevista.

Solo  cinco  sinceros y  transparentes   mensajes  de Obama:  “…estamos aumentando significativamente la cantidad de dinero que puede ser enviado a Cuba y eliminando los límites de las remesas que apoyan los proyectos humanitarios, al pueblo cubano y al emergente sector privado en Cuba” (17 de diciembre de 2014. )

“Sin embargo, los últimos 12 meses son ejemplo del progreso que se puede alcanzar cuando trazamos la ruta hacia un futuro mejor. El próximo año, continuaremos este camino, empoderando a cubanos y estadounidenses para que lideren el curso” (17  De diciembre 2015)

“En los Estados Unidos, tenemos un claro monumento a lo que el pueblo cubano es capaz de construir: se llama Miami. Aquí en La Habana, vemos ese mismo talento en los cuentapropistas,…” (La  Habana 22 de marzo  de 2016)

“En pocos años, hemos visto como los cuentapropistas pueden salir adelante, mientras conservan un espíritu netamente cubano.(…)Es ahí donde comienza la esperanza: con la posibilidad de ganarse la vida y construir algo de lo que uno pueda estar orgulloso”. (Ídem)

“Debiera ser más fácil abrir un negocio aquí en Cuba”. (Ídem)

Como dice Taladrid “Saque usted…”

Trump persigue el mismo objetivo de su antecesor: empoderar al pequeño sector privado cubano despojando del poder a todo el pueblo, sustituir la propiedad social  por la pequeña propiedad privada que después de conseguir lo primero será engullida por el capitalismo transnacional que no solo representa sino  del que es actor directo. Lo que pasa es que Trump no  tiene ni el verbo, ni la inteligencia, ni el asesoramiento de Obama.

Pero lo que llama la atención es que un economista cubano dedique decenas de artículos a defender la propiedad privada y  a los “emprendedores”. Sin hacer ningún estudio, porque no lo amerita, les puedo informar, estimados lectores, que en un artículo de 11 cuartillas aparece  el término 12 veces en una manifiesta actitud de defensa. Lo he dicho en varias ocasiones y lo repito, acepto la propiedad privada y admiro al que prospere trabajando e incluso a costa del trabajo de otros si lo hace conforme a la ley y los principios de nuestra sociedad, pero lo que no entiendo es que alguien  deje  preteridos alrededor de 4 millones de cubanos que trabajan y viven de otra manera. Defiendo porfiadamente la inclusión no la exclusión.

¿ Emprendedores ?. Volvamos al diccionario.

La etiqueta o la manipulación del término emprendedor  anclado a los propietarios privados cubanos salta hecha añicos cuando visitamos los diccionarios. Dice el de sinónimos y antónimos, “emprendedor”: resuelto, osado, decidido, denodado, diligente, etc.  El Larousse define al emprendedor como la persona  que demuestra iniciativa y enfrenta dificultades de diversos tipos,  y el Breve diccionario de la lengua española precia que emprender es “poner en marcha una obra un proyecto, una empresa o una actividad que generalmente  encierra alguna dificultad o peligro”.


Si queremos interpretar de forma proporcionada,  no escorada,  tales definiciones,  debemos concordar que emprendedores fueron nuestros próceres independentistas aunque aquel colosal e histórico emprendimiento  fuera malogrado por los gobernantes de los Estados Unidos, no muy diferentes a los que ahora quieren empoderar a un reducido grupo de  honestos trabajadores y propietarios cubanos. Emprendedores fueron los comuneros de París   que quisieron “tomar el cielo por asalto” y los jóvenes asaltantes del Cuartel Moncada comandados por Fidel Castro, los mismos que en franca minoría,  después derrotaron un ejército con miles de soldados armados hasta la coronilla (que es más arriba que los dientes) y le dieron por fin la libertad al pueblo cubano, que si no es el más,  al menos milita entre los más emprendedores del mundo.
Los técnicos del niquel en Moa 

El ingeniero Demetrio Presilla con dos especialístas 
Haría muy copioso  este artículo, si tan siquiera mencionamos algunos de los emprendimientos del pueblo  cubano a partir  del primero de enero de 1959, desde que el ingeniero Presilla con un grupo de técnicos y obreros,  cumpliendo la tarea de otro gran emprendedor el Che, puso a punto la planta de Níquel de Moa,  porque  sus emprendedores dueños capitalistas se llevaran los planes de su funcionamiento, hasta el “Período especial” uno de los proyectos renovadores más grandes de la historia de Cuba, magistral   obra de ingeniería política y económica, no solo de nuestra patria.


Emprendimientos cercanos.


Pasando tangencialmente, sin olvidar, los grandes programas económicos y sociales  desarrollados por la Revolución (agroalimentario, de construcción de carreteras, presas, viviendas, industriales, electroenergético, de educación, salud  pública, deportes, cultura y recreación entre  otros tantos) queremos reparar en unos de los más ingeniosos emprendimientos, los programas de ingeniería genética y biotecnología articulados a la   industria médico farmacéutica. Estos programas con su capital humano, estructurado en colectivos empresariales de alta tecnología y elevada productividad, constituyen  en la actualidad unos  de los pivotes de nuestra economía y del plan nacional de desarrollo económico y social hasta el 2030. Tienen  un impacto directo en la salud y por tanto en la prosperidad de nuestro pueblo y de manera indirecta,  a través de la economía, pues  aportan al país cientos de millones de dólares por conceptos de exportaciones,  además de poder  asimilar   cuantiosas e importantes inversiones extranjeras.  Ningún  emprendimiento privado, sin subestimar ni al más pequeño negocio, se compara con estas empresas estatales. Un científico  cubano, de las ciencias naturales pero  que incursiona con eficacia en la economía política, Agustín Lage, ha sentado cátedra en la fundamentación del papel  económico, social y estratégico de este sector.

Otro gran emprendimiento es el Turismo Internacional. Quizás algún lector no sepa que Fidel Castro desde  su alegato histórico “La Historia me absolverá” había previsto para  después del triunfo de la revolución que “… el turismo podría ser una enorme fuente de riquezas” . Esa emprendedora previsión se encarna en la práctica después de 1959 en cientos de instalaciones turísticas para el disfrute del pueblo que fueron la base material para el desarrollo del turismo internacional desde finales de los ochenta.

Hoy el turismo internacional es  la segunda actividad económica más importante por la captación de ingresos que remontan los 2 800 millones de dólares, pero la primera por el número de transacciones económicas que pone en juego denominadas encadenamientos productivos y comerciales hacia atrás y hacia adelante. De menos de 700 mil turistas en 1991, la industria turística cubana cierra 2016 con 4 millones de visitantes. Con esa cantidad  de turistas Cuba, con todas las dificultades económicas internas e inducidas tiene un mejor indicador de eficiencia que China el principal receptor del mundo con 261 millones de visitantes en 2016 pero por su población reporta 5,3 habitantes por turista en tanto Cuba con 4 millones de turistas y algo más de 11 millones de habitantes contabiliza 2, 8  cubanos por turista, casi igual indicador  que el de los EEUU con 2,7 habitantes por turista.

Si de emprendedores y emprendimientos hablamos hay que colocar en primer lugar a la visión estratégica del Comandante en Jefe y de la política adoptada, seguida y perfeccionada durante el período especial, en segundo lugar a los ejecutivos y trabajadores del ramo con sus organizaciones políticas al frente, en tercer lugar a las autoridades administrativas y políticas de los territorios con enclaves turísticos. Por supuesto, hay que reservar un lugar para los miles de trabajadores por cuenta propia que como arrendatarios de viviendas, por las que no pagan alquiler con su título y todos los derechos, prestan un importante servicio de retaguardia,  junto con dueños de paladares, autos y otros medios de producción por los que pagan muy bajos impuestos en comparación con la media mundial.
Presionado por el espacio solo puedo mencionar lo que considero la mayor empresa o emprendimiento económico, social y político de los últimos años: la Zona Especial de Desarrollo del Mariel.  Solo  el  sector A, donde actualmente se está trabajando,  tiene un potencial de empleo en su período de total maduración de 70 mil a 120 mil trabajadores. Los más de 20 proyectos autorizados  representan  a sectores económicos estratégicos  entre ellos: la biotecnología y la farmacéutica, el financiero y bancario, así como la industria de los materiales de la construcción.  Su efecto multiplicador penetrará numerosas ramas de la economía con todas sus empresas,  la inmensa mayoría de propiedad  estatal y cooperativa, beneficiando  directa o indirectamente a cientos de miles de cubanos incluyendo a los propietarios privados  urbanos y rurales, por la vía de los ingresos personales y  merced a la prosperidad que traerá a sus territorios.

Palabras finales.

Disculpen los lectores por la extensión, de antemano acepto la crítica. No ha sido mi intención demeritar  la propiedad privada cubana y a  sus actores, la mayoría de los cuales están más ligados a la propiedad social que a la privada, por una cuestión histórica, familiar y moral. Todo lo contrario. Lo que no quiero, y me incomoda,   es que los representantes del imperio y algún trasnochado economista, los venga ahora a premiar con el epíteto de emprendedores,  cuando junto al resto de los cubanos no han hecho otra cosa que  emprender el  complejo y a la vez prometedor camino de la construcción del socialismo.

26 de junio de 2017.















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