¿Qué es una economía socialista en construcción?


 
por: Dr.C. Carlos M. García Valdés.
Lo difícil no es la pregunta sino la respuesta.

En más de una ocasión heleído u oído la  pregunta  de ¿qué se debe entender por socialismo en la actualidad?. Como a veces digo en broma, en clases, lo difícil no es la pregunta sino la respuesta. Por supuesto que hay respuestas pero habría que analizar el socialismo como una fase del modo de producción comunista o como un sistema socioeconómico y político, y eso no es lo que pretendemos en este momento. Quizás tampoco pueda hacerlo, porque tal respuesta involucra a diferentes saberes de las ciencias sociales además de tomar en cuenta la complejidad del momento histórico.  La pretensión, sin ser sencilla, es más concreta. Nos interesa hablar de una parte de ese concepto, es decir de la economía socialista en la transición al socialismo o en su construcción, que es el término que reconoce la Conceptualización del Modelo.

Es muy importante, porque en todo debate si no están claros los conceptos las discusiones pueden tornarse  bizantinas. Ahora en la blogósfera y en otros medios pululan los términos: “centrismo”, “neoliberalismo”, “capitalismo”, “socialismo”, “tercera posición”, “teorías confrontacionales y no confrontacionales”, entre otros. Algunos son tan “viejos” como la historia moderna otros de más reciente facturación.

Sin ánimo de armar una conferencia estructurada y densa, porque estoy en un blog y no en un aula de una de nuestras tantas universidades propiedades de todo el pueblo, quisiera recordar muy sumariamente algunas definiciones y  conjeturas acerca de que es una economía socialista o en tránsito al socialismo.

De los geniales pensadores alemanes al genial teórico y político ruso.

Marx y Engels concibieron la economía comunista como la negación absoluta del capitalismo y sus principales rasgos eran la propiedad social sobre todos los medios de producción, el fin de la explotación del hombre por el hombre, la planificación contraria a la anarquía y al mercado y la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de todos los miembros de la sociedad a través del trabajo cooperado de todas las personas aptas para hacerlo. En Crítica del Programa de Gotha Marx establece una diferencia entre la economía comunista en su fase inferior o socialismo y en su fase superior o comunismo, pero lo hace tomando en cuenta la distribución de las riquezas a partir del desarrollo de las fuerzas productivas.(Marx y Engels, “Manifiesto del Partido Comunista”, Primer capítulo de “La Ideología Alemana, Marx “El capital”, tomo 1, “Crítica del Programa de Gotha”, Engels “Anti Duhring”, “Principios  del Comunismo”…)

No concibieron el socialismo conviviendo por mucho tiempo con el capitalismo que sería arrasado por la revolución socialista mundial, mucho menos que el socialismo triunfara en un solo país y no precisamente de los más industrializados, que tratara de abrirse paso en medio de un capitalismo mundial  entrado en su fase monopolista y que lapropiedad comunista conviviera con la capitalista y con la pequeña propiedad privada.No pudieron concebirlo, por diversas razones, pero así sucedió y fue Lenin al frente del partido comunista y de una parte del pueblo quien hizo realidad la utopía marxista, solo que en otras condiciones y bajo diferentes reglas de juego.

Lenin no solo aceptó la estructuración de la sociedad comunista en dos fases socialismo y comunismo sino que incluyó el período de transición del capitalismo al socialismo que había sido contemplado por Marx como un período político.Lo más importante, demostró que esa economía en transición no era homogénea sino  heterogénea integrada por 5 tipos de economías distintas: la socialista, la capitalista, la pequeña producción mercantil, la economía natural y el capitalismo de estado.
No solo en la teoría sino en la práctica le asignó a la propiedad socialista la misión fundamental en la transición al socialismo, como la base económica del poder político. «Mientras el proletariado sostenga firmemente el poder en sus manos,  mientras mantenga con firmeza en sus manos los medios de transporte y la gran industria, el poder proletario no tiene en ello nada que temer.» (Lenin, El impuesto e especie, Obras completas... tomo 43, p. 246).

Concebía el carácter socialista de las cooperativas determinado por la economía de base estatal. “Se olvida que, debido a los rasgos peculiares de nuestro régimen estatal, la cooperación adquiere un significado de verdad excepcional.”(Lenin, “Sobre la Cooperación”, Obras Escogidas en 3 tomos, tomo 3) En esa misma obra Lenin ofrece un cuadro muy general de la economía soviética en 1923 a partir de las organizaciones económicas básicas  existentes: las consecuentemente socialistas o estatales,las capitalistas privadas controladas por el Estado socialista  y por último las empresas cooperativas, entonces solo un proyecto. En este caso Lenin se abstraía de otros actores económicos como los millones de campesinos y los pequeños productores mercantiles urbanos, porque le interesaba subrayar el papel esencial de la cooperación en aquellas condiciones.

La definición de Lenin de la economía socialista en construcción como un sistema de tipos o formas económicas bajo el dominio de la propiedad socialista en su forma estatal es de particular importancia teórica y metodológica para representarnos la esencia de nuestra economía, socialista por su carácter pero heterogénea por su composición estructural.

Precisamente su naturaleza socialista está determinada, en lo fundamental, por el predominio de la propiedad socialista de todo el pueblo y todas las demás ventajas  que de ello se derivan, aunque hacerlas realidad en todas sus magnitudes  es aún una asignatura pendiente. No obstante  asumir y aplicar la teoría  de “botar el sofá” sería fatal.

Otras contribuciones esclarecedoras.

El economista polaco Wlodzimierz Brus creador de una teoría sobre el modelo descentralizado de dirección económica en su país, válido para otros países socialistas, nos brinda una definición que considero paradigmática sobre la economía socialista.

“Una economía tiene carácter socialista si los medios de producción fundamentales son propiedad social y no privada; si, en consecuencia, las relaciones entre los hombres en el proceso  económico se basan en la cooperación en el empleo de los medios de producción comunes…si la cuota  del producto que corresponde a los individuos y a los grupos  se establece según el trabajo o según criterios sociales y no según la propiedad privada…” (W. Brus, El funcionamiento de la economía socialista”, Oikos-tau. s.a. ediciones, Barcelona, España, 1969)

Brus no puede ser acusado de oficialista, extremista, estalinista u otros tantos regalos conceptuales que nos hacenlos que no concuerdan con los que defendemos este socialismo imperfecto. El economista polaco  fue considerado revisionista, reprimido política y académicamente. Esta reflexión pudiera asumirse con cierta flexibilidad tomando en cuenta que data de 1968, que Polonia era un  país  con cierto desarrollo industrial, miembro del CAME y del pacto de Varsovia, que no estaba bloqueado por los Estados Unidos, además de otras ventajas que no tiene la economía cubana, pero en realidad es un buen referente conceptual para nada reñido con los documentos programáticos del VII Congreso del PCC.

Alfredo González nos ofrece importantes reflexiones sobre la economía socialista que rebasan los criterios estrictamente económicos. Para el destacado investigador cubano, premio nacional de economía:

 “Una economía socialista tiene aspectos esencialmente diferentes a una economía  de mercado capitalista; aun cuando se trate de una economía socialista en la que existen diversas formas de propiedad, relaciones monetario-mercantiles y espacios de mercado.

 “El socialismo es un sistema distinto que aspira a crear una sociedad que rompa con el fatalismo de que un grupo de hombres exploten económicamente a otros muchos. Se parte, entre otras cosas, de una concepción ética que considera que no puede haber igualdad ni fraternidad  cuando unos pocos concentran a veces riquezas que pueden superar el PIB de algunos países, y muchos otros carecen de lo más elemental. Se puede estar o no de acuerdo con el socialismo, pero lo que no se puede dejar de considerar que estas aspiraciones establecen diferencias importantes en el peso relativo de los criterios ético-sociales para el funcionamiento de la economía y sobre el propio papel del Estado.” (Alfredo González.Prólogo a: “Instrumentos para el análisis económico” de Oscar Echevarría, y otros. INIE  2001).

Es una cavilación no solo económica sino política porque obliga a aquellos que se oponen a la limitación de la propiedad privada y proponen  la conversión de una parte de los activos estatales en diferentes tipos de empresas privadas nacionales con o sin participación estatal a responder si esas acciones no implican latransgresión de esas normas y principios económicos y éticos.

Tres economistas cubanos nos dejan una noción sintética pero a mi juicio muy precisa de la relación entre la propiedad social, la economía socialista y el socialismo.  “…lo que hemos  deseado destacar  hasta aquí, es la hegemonía  de la propiedad social como elemento  sine qua non  de un proyecto socialista.”.(Julio Carranza, Luis Gutiérrez y Pedro Monreal. Cuba, la reestructuración de la economía, una propuesta para el debate, Editorial de Ciencias sociales, La  Habana 1995)
La “Conceptualización del Modelo” ofrece una  importante información argumental acerca del carácter y características de la economíasocialista en construcción.

“Las relaciones de propiedad sobre los medios de producción definen la naturaleza de todo sistema socioeconómico, dado que la forma de propiedad dominante condiciona las relaciones de producción, distribución, cambio y consumo en la sociedad.

“A ello se debe que el papel principal de la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción constituya un principio esencial.

“La existencia de formas de propiedad y de gestión no estatales tiene como objetivos posibilitar que el Estado y el Gobierno se concentren en las complejas tareas que le son propias, tributar a la eficiencia integral de la economía, generar empleos productivos, desplegar iniciativas, impulsar las fuerzas productivas, incrementar los ingresos al Presupuesto del Estado y contribuir al bienestar en función de los objetivos del desarrollosocialista.(Conceptualización del Modelo Económico y Social de Desarrollo Socialista, capítulo 2.)

Definiciones, concepciones y caminos: hacia el socialismo o hacia el capitalismo.

Las definiciones no son concepciones, estrategias, programas o políticas con decisiones económicas, mucho menos  normativas jurídicas, pero sí reflejan aspectos esenciales de la realidad y han sido certificadas por la práctica y el conocimiento científico, pueden participar proactivamente en la realización de aquellas.

Son paradigmáticas las definiciones de  Marx, Engels y  Lenin sobre el capitalismo y el imperialismo, acerca del comunismo y el socialismo, sobre el papel del Partido y su unidad con el pueblo, y acerca de quiénes son los verdaderos enemigos del pueblo.
Constituyen verdadero modelos conceptuales las definiciones de Che sobre la planificación socialista, el papel del hombre y el cuadro en la construcción del socialismo.

La definiciones contenidas en el concepto de Revolución del Comandante en jefe Fidel Castro  presiden la Conceptualización del Modelo y más que ello deben presidir los ideales y  conductas de todos los revolucionarios sin diferenciar el tipo de trabajo(físico o intelectual)  y responsabilidad administrativa, científica, docente, política o de otro género que asumamos.

La “Conceptualización” del Modelo, documento contentivo de denticiones y principios raigales  puede dejar en unos u otros determinadas insatisfacciones de contenido o forma, o de ambas, pero es el resultado de un proceso de propuestas de varios años que se discutió antes del Congreso, durante el mismo y después. En el último proceso de consulta participaron un millón 600 mil cubanos, alrededor del 14 % de la población, respetable cifra tomando en consideración que  si se descuenta la población no adulta, la penal, la que no se encontraba en el país en esos meses, y otros grupos poblacionales la relación sería mayor.Las  149 mil 658, propuestas para la Conceptualización  se integraron en 34 mil 991  atendiendo a su similitud, de ellas 8mil 683 de carácter conceptual.

Se puede discrepar con definiciones y valoraciones de este y de los demás documentos del VII Congreso. De hecho leí un artículo de un economista cubano que hacia señalamientos críticos puntuales a algunos de los  lineamientos y me pareció correcto el método y coincido con algunas de sus apreciaciones. Otra cosa es hacer propuestas de estrategias y políticas en dirección diametralmente opuestas a los objetivos de la actualización del Modelo. Los recordamos:

“Los objetivos estratégicos de la actualización del Modelo son: garantizar la irreversibilidad y continuidad de nuestro socialismo afianzando los principios que lo sustentan, el desarrollo económico y la elevación del nivel y calidad de vida con equidad. Todo ello, conjugado con la necesaria formación de los valores éticos y políticos, en contraposición al egoísmo, el individualismo y el consumismo enajenante y depredador.” (“Conceptualización del Modelo…”, capítulo 1.)
Dos sistemas socioeconómicos y políticos están explícitos e implícitos en esa formulación: el socialismo y el capitalismo.

En todo caso la negación del espíritu y la letra de las definiciones y concepciones a las que no hemos referido debería ser fundamentado desde la relación economía-política, economía y sociedad, economía e ideología, entre otras variables esenciales. Ninguna necesidad económica por trascendental   que seapuede justificar un proyecto que se oponga a las bases de los objetivos y principios de la construcción del socialismo.

Frescas están las palabras del Presidente de los  Consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro, acerca de los graves perjuicios para la economía estatal de la dualidad monetaria y cambiaria y de la urgencia de eliminarla pero sin afectar los fundamentos de la construcción del socialismo y subrayó el papel estratégico y fundamental de la propiedad socialista.(Raúl Castro, discurso de clausura de la Asamblea Nacional, diciembre 2017)

Cualquier  proyecto,  plan o  programa no tiene futuro si se concibe  al margen de definiciones y concepciones principistas, más si se oponen rotundamente a estas.





Comentarios

  1. Parte 1
    Compañero Carlos García le expongo para su reflexión nuestra visión desde una óptica antisistémica sobre el tema que trata, lo hacemos con el mayor respeto de la posición suya.

    Uno de los mitos más grandes que se han difundido en el sistema-mundo moderno que más daño ha ocasionado a la lucha por la transformación del mismo y del que se han encargado de difundir a partes iguales tanto amigos como enemigos es la existencia paralela al sistema-mundo capitalista del sistema socialista mundial que, según sus defensores (que fueron todos a excepción de la perspectiva de sistemas-mundo) existió entre la década de 1950 y 1989 cuando implosionó.
    El sistema-mundo moderno, convivió durante 400 años con otros sistemas históricos (economías-mundo e imperios-mundo, aunque primordialmente fueron del tipo de éstos últimos), transcurso de tiempo durante el cual los fue absorbiendo e incorporando a su órbita, proceso que en lo fundamental quedó concluido a fines del siglo XIX, fecha a partir de la cual no solo desapareció todo vestigio de sistema histórico diferente al sistema-mundo moderno, sino que se cerró toda posibilidad de surgimiento de otro sistema histórico distinto a éste.
    El triunfo de una revolución de signo antisistémico en el antiguo imperio-mundo de los zares en Rusia en 1917 y la incorporación a la órbita soviética de aquellos países de Europa Oriental y Central liberados o ayudados a liberar por el Ejército Rojo en su avance hacia el Reichstag alemán, todos los cuales asumieron una serie de características comunes, muy similares al régimen soviético (medios de producción propiedad pública, economía burocráticamente coordinada y poder político monopolio de un solo partido, cuya ideología legitimadora es el marxismo), a los que se sumaron, después de sendas guerras de liberación, Corea del Norte, China, Viet Nam y la isla de Cuba, también con las mismas características que los primeros, permitían agruparlos a todos como si fueran un solo bloque que distaba, como se demostraría años después, de ser monolítico, y creó ciertas evidencias objetivas (aunque engañosas) que llevaron a todos los analistas y científicos sociales a considerar como cierto el hecho de que había nacido desde las entrañas del capitalismo un nuevo sistema histórico que llamarían, orgullosamente unos (los marxistas) y despectivamente otros (los liberales) comunismo.

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  2. Parte 2 (cont)
    Fue en la década de 1970 en pleno apogeo de la tesis sobre la existencia de un sistema socialista mundial, contiguo al sistema-mundo capitalista, y cuando se decía que el mismo se había convertido en la fuerza motriz fundamental del desarrollo social, cuando la perspectiva de sistemas-mundoImmanuel Wallerstein plantea que no había una economía mundial socialista, algo muy distinto al hecho que había un cierto número de “movimientos socialistas que controlan ciertos aparatos de Estado en el seno de la economía-mundo [capitalista]”(1) que en su cénit llegó a gobernar una tercera parte del planeta.
    En entrevista al profesor mexicano Carlos Antonio Aguirre Rojas en 1999, Immanuel Wallerstein recuerda las consecuencias que tuvo aquella tesis que rompía con un mito propalado por todo el mundo en aquel entonces a través de los manuales soviéticos y su editorial estrella para temas sociales (la Editorial Progreso) cuando afirmaba “la tesis nuestra que más reacciones en contra provocó por parte de la izquierda mundial, y que fue la idea que sostuvimos desde los años setentas fue que la Unión Soviética había sido parte de la economía-mundo capitalista, de manera integral y absoluta, durante toda su existencia”(2).
    ¿Por qué considerar que el bloque de países socialistas que se estructuró a partir de la década de 1950, siguiendo el modelo soviético, y que luego se extendió a otros países tras la victoria de sus respectivos movimientos de liberación nacional (como Cuba, Viet Nam, etc) no constituyó en la práctica un sistema?
    Wallerstein lo deja claro y con gran nitidez en 1982 en una serie de conferencias que impartió en Hawái y que se recogen en los tres primeros capítulos de su libro El Capitalismo Histórico, allí dice sin ambages de ningún tipo en lo que constituye todo un atrevimiento intelectual por el momento, el año y la época en que fue expresado:
    “Uno de los puntos fuertes de los movimientos antisistémicos es que han llegado al poder en un gran número de Estados. Esto ha cambiado la política vigente en el sistema mundial. Pero este punto fuerte ha sido también su punto débil, dado que los llamados regímenes posrevolucionarios continúan funcionando como parte de la división social del trabajo del capitalismo histórico. Por tanto, han actuado, queriendo o sin querer, bajo las implacables presiones de la tendencia a la acumulación incesante de capital. La consecuencia política a nivel interno ha sido la continuada explotación de los trabajadores, aunque de una forma reducida y mejorada en muchos casos. Esto ha llevado a tensiones internas paralelas a las existentes en Estados que no eran «posrevolucionarios», y esto a su vez ha provocado la aparición de nuevos movimientos antisistémicos dentro de estos Estados. La lucha por los beneficios ha proseguido tanto en estos Estados posrevolucionarios como en todas partes, porque, dentro del marco de la economía-mundo capitalista, los imperativos de la acumulación han operado a lo largo del sistema. Los cambios en las estructuras estatales han alterado la política de la acumulación, pero todavía no han sido capaces de terminar con ella” (3) .

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  3. Parte 3 (cont)
    “En la medida en que estos movimientos [antisistémicos], una vez en el poder —lo mismo socialdemócratas que comunistas—, llevaron a la práctica las consignas estalinistas del «socialismo en un solo país», fomentaron necesariamente el proceso de mercantilización de todas las cosas que tan esencial ha sido para la acumulación global de capital. En la medida en que se mantuvieron dentro del sistema interestatal —y de hecho lucharon por mantenerse dentro de él frente a los intentos de desalojarlos— aceptaron y favorecieron la realidad a escala mundial de la dominación de la ley del valor. El «socialista» se parecía sospechosamente al taylorista desbocado”(4).
    En 1991, cuando ya el supuesto sistema socialista se había derrumbado, al preparar su volumen Geopolítica y Geocultura. Ensayos sobre el moderno sistema mundial, visto que el compendio de ensayos que lo integraba podían resultar obsoletos para el lector (el más reciente databa de septiembre de 1989) les aclaraba a los interesados que “es precisamente a raíz del ‘final de los comunismos’ que he elaborado este volumen: para exponer que éste no es un gran acontecimiento repentino e inesperado, sino parte de un proceso más amplio…”, del de la crisis y fenecimiento, pero del sistema-mundo capitalista/“moderno”, porque no había otro y los llamados países socialistas formaban parte de éste. En el prefacio a la selección de los quince ensayos que conforman la obra, titulado Introducción: las lecciones de los ochenta, Wallerstein alerta de las falsas conclusiones que se extraían de aquel acontecimiento: tanto en el mundo (ex) comunista, los que aparentemente se alegraban de abandonar el sistema socialista para incorporarse al sistema capitalista esperanzados en que mejorarían su nivel de vida y riqueza, como a los países del llamado Tercer Mundo, donde muchos interpretaban el colapso del leninismo como un debilitamiento decisivo de estos países en su lucha contra el dominio económico de los países capitalistas ricos del norte. A los primeros les decía que, “la suplantación de la magia del mercado por la magia de la planificación, en líneas generales no resultará un instrumento de bienestar económico más eficaz para estos estados de lo que ha sido la planificación, puesto que las principales dificultades económicas de estos estados provenían, y aún provienen, no de sus mecanismos económicos internos [intrínsecos al supuesto sistema socialista], sino de su posición estructural en la economía capitalista mundial” [es decir, del sistema-mundo capitalista del cual formaban parte]; y a los segundos les decía que, “en realidad la retórica soviética de los pasados cuarenta y cinco años sólo había contribuido de manera menor a la lucha de los países del Tercer Mundo. La debilidad de su posición se debía principalmente al funcionamiento continuado de la economía capitalista mundial, de manera secundaria a la ineficacia de sus estrategias de ‘desarrollo nacional’ y, sólo de manera terciaria, a la presente incapacidad (y a la mala disposición) de la URSS para apoyarlos”(5); en resumen: ninguno de los dos había perdido nada con la réplica de 1968, porque eso es lo que fue 1989, “continuación de 1968”(6).

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  4. Parte 4 (cont)
    “En la medida en que estos movimientos [antisistémicos], una vez en el poder —lo mismo socialdemócratas que comunistas—, llevaron a la práctica las consignas estalinistas del «socialismo en un solo país», fomentaron necesariamente el proceso de mercantilización de todas las cosas que tan esencial ha sido para la acumulación global de capital. En la medida en que se mantuvieron dentro del sistema interestatal —y de hecho lucharon por mantenerse dentro de él frente a los intentos de desalojarlos— aceptaron y favorecieron la realidad a escala mundial de la dominación de la ley del valor. El «socialista» se parecía sospechosamente al taylorista desbocado”(4).
    En 1991, cuando ya el supuesto sistema socialista se había derrumbado, al preparar su volumen Geopolítica y Geocultura. Ensayos sobre el moderno sistema mundial, visto que el compendio de ensayos que lo integraba podían resultar obsoletos para el lector (el más reciente databa de septiembre de 1989) les aclaraba a los interesados que “es precisamente a raíz del ‘final de los comunismos’ que he elaborado este volumen: para exponer que éste no es un gran acontecimiento repentino e inesperado, sino parte de un proceso más amplio…”, del de la crisis y fenecimiento, pero del sistema-mundo capitalista/“moderno”, porque no había otro y los llamados países socialistas formaban parte de éste. En el prefacio a la selección de los quince ensayos que conforman la obra, titulado Introducción: las lecciones de los ochenta, Wallerstein alerta de las falsas conclusiones que se extraían de aquel acontecimiento: tanto en el mundo (ex) comunista, los que aparentemente se alegraban de abandonar el sistema socialista para incorporarse al sistema capitalista esperanzados en que mejorarían su nivel de vida y riqueza, como a los países del llamado Tercer Mundo, donde muchos interpretaban el colapso del leninismo como un debilitamiento decisivo de estos países en su lucha contra el dominio económico de los países capitalistas ricos del norte. A los primeros les decía que, “la suplantación de la magia del mercado por la magia de la planificación, en líneas generales no resultará un instrumento de bienestar económico más eficaz para estos estados de lo que ha sido la planificación, puesto que las principales dificultades económicas de estos estados provenían, y aún provienen, no de sus mecanismos económicos internos [intrínsecos al supuesto sistema socialista], sino de su posición estructural en la economía capitalista mundial” [es decir, del sistema-mundo capitalista del cual formaban parte]; y a los segundos les decía que, “en realidad la retórica soviética de los pasados cuarenta y cinco años sólo había contribuido de manera menor a la lucha de los países del Tercer Mundo. La debilidad de su posición se debía principalmente al funcionamiento continuado de la economía capitalista mundial, de manera secundaria a la ineficacia de sus estrategias de ‘desarrollo nacional’ y, sólo de manera terciaria, a la presente incapacidad (y a la mala disposición) de la URSS para apoyarlos”(5); en resumen: ninguno de los dos había perdido nada con la réplica de 1968, porque eso es lo que fue 1989, “continuación de 1968”(6).

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  5. Parte 5 (cont)
    La refutación constante que oímos en contra de esa descripción de los llamados regímenes socialistas es que quizá sea cierta, pero no tenía que serlo. Ésta es la apreciación que afirma que estos regímenes eran impuros, inadecuadamente socialistas, hasta traidores al sueño. Tampoco acepto esta afirmación. La mayor parte de los revolucionarios tratan ciertamente de ser revolucionarios al principio de sus esfuerzos como tales. Muchos de los regímenes revolucionarios realmente tratan de cambiar el mundo. No traicionan sus ideales. Descubren que, como individuos y como regímenes, las estructuras del sistema mundial los restringen a comportarse en cierta forma y dentro de determinados parámetros o de lo contrario, pierden toda capacidad de ser actores importantes en ese sistema mundial. Y así, tarde o temprano, doblegan sus intenciones a la realidad” (8).
    El estudioso de la teoría del valor Anselm Jappe no ve la Unión Soviética como un estado socialista con una estructura económica diferente, sino parte integrante del mundo capitalista al que ligaba su suerte y con el que perdió la lucha de competencia siguiendo sus mismas reglas de juego, “El derrumbe de la URSS [afirma] no demuestra la superioridad de la economía de mercado, de la cual áquella formaba parte, sino que evidencia que esta es una carrera cuyo número de participantes de reduce constantemente, a causa de la necesidad de un empleo cada vez mayor de tecnologías para poder producir a un coste competitivo, y que los excluidos acaban en la miseria”(9).
    Y para concluir volvemos al profesor Wallerstein con una afirmación sentencial sobre el tema: “Lo primero y lo más importante que hay que recordar en una valoración de este tipo es que el movimiento socialista mundial, y de hecho todas las formas de movimientos antisistémicos, así como todos los estados revolucionarios y/o socialistas, han sido productos íntegros del capitalismo histórico. No han sido estructuras externas al sistema histórico, sino la excreción de unos procesos internos de ese sistema. Por consiguiente, han reflejado todas las contradicciones y limitaciones del sistema. No podían ni pueden hacer otra cosa”.
    “Sus defectos, sus limitaciones, sus efectos negativos forman parte del estado de cuentas del capitalismo histórico, no de un hipotético sistema histórico, de un orden mundial socialista, que todavía no existe. La intensidad de la explotación del trabajo en los estados revolucionarios y/o socialistas, la negación de las libertades políticas, la persistencia del sexismo y del racismo, tienen mucho más que ver con el hecho de que estos estados continúan estando situados en zonas periféricas y semiperiféricas de la economía-mundo capitalista que con las propiedades peculiares de un nuevo sistema social. Las pocas migajas que han existido en el capitalismo histórico para las clases trabajadoras se ha concentrado siempre en las áreas del centro. Esto sigue siendo cierto de forma desproporcionada” (10) .

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  6. Parte 6 (cont)
    Notas
    1. Wallerstein, I. El moderno sistema mundial. La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI. Tomo I. Editorial siglo XXI. 2ª Edición. Madrid 2010. Pág. 94.
    2. Aguirre Rojas, Carlos Antonio. Immanuel Wallerstein: Crítica del sistema mundo capitalista (Estudio y entrevista a Immanuel Wallerstein. Editorial Era, 2004. Negritas resaltadas tomadas del original. El autor desea agradecer la cordialidad y sobre todo la confianza que depositó en mí el compañero Aguirre Rojas al facilitarme dicha obra, cuando aún era un niño adolescente en el estudio de la perspectiva de sistemas-mundo y la obra toda del querido compañero Immanuel Wallerstein.
    3. Wallerstein, Immanuel. El capitalismo histórico. Editorial Siglo XXI. España 2012. 2ª Edición. Página 59.
    4. Ibídem. Página 72.
    5. Wallerstein, Immanuel. Geopolítica y Geocultura. Ensayos sobre el moderno sistema mundial. Editorial Kairós. 2007. Página 10.
    6. En 1991 precisamente Wallerstein junto a Terence K. Hopkins y Giovanni Arrighi titularon una ponencia con éste título 1989, la continuación de 1968 elaborada para el XI Coloquio Internacional sobre Economía-Mundo, Stamberg, 28 al 30 de junio 1991 y publicado en Review, Vol XV Nº 2. Primavera de 1992, una revista del Fernand Braudel Center.
    7. Tortosa, José María. Sociología del sistema mundial. Editorial Tecnos. Madrid. 1992. Pág. 68. El autor desea dejar constancia del agradecimiento al profesor José María Tortosa por habernos enviado el libro de regalo y estimularnos al encuentro del otro gran seguidor de la perspectiva de sistemas-mundo, el también estimado y querido profesor Carlos Antonio Aguirre Rojas en nuestro afán de estudiar la obra de Immanuel Wallerstein.
    8. Wallerstein, Immanuel. ¿El fracaso de los sueños, o el paraíso perdido?. Capítulo 1 de Utopística o las opciones históricas del siglo XXI. Versión revisada de las conferencias Sir Douglas Robb impartidas en la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda, los días 16, 22 y 23 de octubre de 1997. Negritas resaltadas por el autor.
    9. Jappe, Anselm. El absurdo mercado de los hombres sin cualidades. Editorial Pepitas de Calabaza. Logroño. España. 2009. Página 38.
    10. Wallerstein, Immanuel. El capitalismo histórico. Editorial Siglo XXI. España 2012. 2ª Edición. Página 88-89.
    Mi dirección para un intercambio de materiales sobre el tema es rodohc21@gmail.com
    Gracias y disculpad la extensión, no es para que lo publique si no lo desea sino para su reflexión.

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